En Egipto, los sueños también se disfrazan
En vísperas de la celebración del Día de los Niños y las Niñas, las calles de nuestro territorio comienzan a llenarse de colores, personajes, máscaras y disfraces. Entre cuadras, parques y casas se siente esa alegría que por unos días transforma el barrio y nos devuelve una frase que parece recorrer cada rincón:
“Quiero paz, quiero amor, dame dulces por favor”.
Y es que la infancia tiene esa hermosa manera de recordarnos lo esencial. Una palabra puede convertirse en un deseo, un disfraz en una forma de expresión y un dulce en un pequeño gesto de cariño.
Pero celebrar también significa cuidar.
Por eso, hacemos un llamado a todas las personas, familias, comercios y vecinos que quieran compartir dulces con los niños y las niñas: revisemos que estén en buen estado, que no estén vencidos, abiertos, deteriorados o con su empaque alterado. Cada dulce que entregamos representa un gesto de confianza y afecto hacia nuestra niñez.
Que los dulces sean entregados con cariño, responsabilidad y alegría, porque detrás de cada niño y cada niña hay una historia, una familia y un mundo entero de sueños.
También habita en nosotros ese niño interior
Esta celebración también puede ser una oportunidad para encontrarnos con ese niño o niña que todavía habita en nuestro interior.
Ese que soñaba con ser astronauta, artista, futbolista, bailarina, músico, científica o cualquier cosa que pudiera imaginar.
Ese que se ponía una sábana como capa, convertía una caja en una nave espacial y encontraba en cualquier objeto una posibilidad para crear.
Ese niño interior que todavía sueña, que quiere expresarse, que imagina otros mundos y que nos recuerda que nadie puede quitarnos los sueños.
Y tampoco deberían quitarnos las palabras para nombrar lo que existe.
Porque en nuestro territorio sí existen las niñas.
Existe la infancia.
Existe la juventud.
Existe la paz.
Existe el arte.
Existe la cultura.
Y existen comunidades que todos los días crean, imaginan y transforman su realidad.
Disfraces que nacen de la imaginación
En Egipto, la creatividad no necesita grandes presupuestos.
A veces nace de una caja guardada en la casa, de una camiseta que ya no usamos, de un pedazo de cartón, de papel, pintura, retazos de tela o cualquier objeto que pueda convertirse, con imaginación, en algo nuevo.
Nuestros niños, niñas y jóvenes reciclan, inventan, construyen y crean sus propios personajes.
Y allí aparece una de las formas más bonitas del arte: esa que nace de las manos, de la imaginación y de las ganas de jugar.
Cada disfraz cuenta algo.
Cada máscara guarda una historia.
Cada creación habla de una infancia que quiere ser vista, escuchada y reconocida.
Porque el arte no está solamente en los museos o en las galerías. El arte también está en nuestras casas, en las calles, en los parques, en los disfraces hechos a mano y en la imaginación de nuestros niños y niñas.
Este Día de los Niños y las Niñas, celebremos con responsabilidad, pero también con imaginación.
Cuidemos sus cuerpos, sus sueños y sus palabras.
Entreguemos dulces, pero sobre todo entreguemos cariño.
Miremos sus creaciones y recordemos que alguna vez también fuimos pequeños y pequeñas, capaces de imaginar que el mundo podía ser diferente.
Y quizás, entre tantos disfraces y colores, podamos volver a escuchar esa voz que atraviesa las calles:
“Quiero paz, quiero amor, dame dulces por favor”.
Una frase sencilla.
Un deseo enorme.
Un deseo que también pertenece a nuestro barrio.

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